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miércoles, 25 de noviembre de 2015

ANÁLISIS POLÍTICO: El debate sobre la crisis y los límites del progresismo. Por Tomás Quevedo Ramírez.



EL DEBATE SOBRE LA CRISIS Y LOS LÍMITES DEL PROGRESISMO


Por Tomás Quevedo Ramírez




  

     Los últimos meses han estado marcados por un debate regional en torno al fin del ciclo de los gobiernos progresistas o su pérdida de hegemonía. Destacados intelectuales latinoamericanos y de otras latitudes han aportado con sus reflexiones en torno a esta problemática.
     Las críticas que han tenido mayor repercusión en el escenario de la opinión pública han sido las de Maximo Modonesi, Raúl Zibechi, Inmanuel Wallerstein, Eduardo Gudynas y Maristella Svampa. Esta reflexión intenta sistematizar sus argumentaciones sobre este fin de ciclo y sus causas. Además de abrir ejes de discusión sobre estos límites para aquellos y aquellas que construyen un horizonte emancipador.


I
Sobre el origen

     Hay coincidencia en que los “gobiernos progresistas” son el resultado del cuestionamiento realizado por el campo popular a las políticas neoliberales a inicios de los años 2000. Esto abrió la posibilidad de que la sociedad aceptara nuevos discursos y propuestas políticas, que ponían en escena las demandas históricas formuladas desde el seno de los movimientos sociales.
     Como sostiene Wallerstein (2015), afilaban propuestas en contra de los partidos tradicionales. De ahí nació aquella consigna que repercutió en algunos países latinoamericanos: “que se vayan todos”. Los gobiernos progresistas se presentaron como una posibilidad de recuperar la política, que había sido secuestrada por estructuras políticas como la llamada “partidocracia”, en el caso ecuatoriano. En ese marco, al decir de Maristella Svampa (2015), aparecieron como una propuesta innovadora.
     Las caracterizaciones de estos gobiernos han sido variadas. Por ejemplo Modonesi (2015) señaló que estos gobiernos representan lo que Antonio Gramsci llamó revoluciones pasivas. Estas se caracterizan por un conjunto de cambios estructurales pero con limitaciones. Tienen, además, un trasfondo conservador, que se muestra a través de prácticas políticas desmovilizadoras y subalternizantes sostiene Modonesi. En esto coincide Raúl Zibechi (2015), que planteó que estos gobiernos generan un conjunto de políticas sociales, destinadas a silenciar el conflicto, mediante una ilusión de inclusión. Este fenómeno acrecienta la despolitización de la sociedad, en especial de las organizaciones sociales que estarían esperando ser parte del programa de gobierno o de sus políticas.
     Sin dudarlo, estos gobiernos significaron el retorno del Estado en la formulación de aquellas políticas públicas. Algo que había sido exigido por la propia izquierda durante los años del neoliberalismo. Como bien lo señala este grupo de intelectuales, se generaron políticas redistributivas y el Estado quedó como el administrador de los bienes comunes.
     Estas políticas contribuyeron a la afirmación, consolidación y legitimación de estos gobiernos en amplios sectores populares. Aquí, desde nuestra perspectiva se generó una de las primeras limitaciones, pues se creó la expectativa de que la transformación sólo podía venir desde arriba (por acción estatal), esto significó que este sea el principal motor de la transformación social. Pero, lo señalado por Lenin, sobre el carácter de una maquinaria de dominación, o por Marx, de una Junta de administración de los bienes de la burguesía no ha cambiado. Aún más cuando la forma de acceso a ese poder se lo ha hecho mediante mecanismos electorales, los cuales han profundizado imaginarios sobre la idea de que la única democracia, es la de las urnas.
     Pues estos gobiernos han sido maquinarias electorales y han transformado a sus simpatizantes en simple base electoral. Debe resaltarse las diferencias de Venezuela, donde Las Comunas son espacios para la creación de poder desde abajo.
     Respecto al Estado y su papel, estos gobiernos nos plantean una paradoja y un debate que se debería abrir en el seno de la izquierda latinoamericana, en relación al papel del Estado en un determinado momento revolucionario. Así también sobre el papel que las organizaciones sociales jugarían, más allá del romanticismo y de los enunciados.
     Es imprescindible abrir un debate sobre el poder popular y sus características. Sería necesario pensar si la máquina puede ser transformada por una red articulada de poder creada desde las organizaciones sociales.


II
Sobre el proyecto económico

     Otro de los elementos centrales de esta crítica, tiene que ver con lo que Armando Bartra denomina como los límites sociales y naturales del capital. Esto, debido a que estos gobiernos proponen, en la práctica, la profundización del modelo primario exportador, mediante el extractivismo. En este punto hay que tomar en cuenta las diferencias en las estructuras productivas de cada país.
     Los gobiernos “progresistas”, al decir de Wallerstein, confrontan un proceso de modernización Vs. El Buen vivir. Esto determinaría en el corto, mediano y largo plazo graves efectos ecológicos. La “fe en el progreso” (Gudynas, 2015) no cambia la relación que se establece con los recursos naturales. Síntomas de eso son la profundización de la minería, la expansión de la frontera petrolera y el agronegocio/agroindustria. Estos tres sectores son puntales de estos proyectos. Hay que tomar en cuenta que quienes guían estos proyectos no son las instituciones estatales, sino los grandes grupos económicos nacionales y las empresas transnacionales Chinas.
     La retórica de estos gobiernos ha señalado, el fin de la hegemonía norteamericana. Sin embargo, hemos pasado al control de los recursos naturales y de zonas estratégicas por parte de China. Es así que sus inversiones, se han concentrado de manera especial en la minería, el petróleo, la construcción de megaproyectos o represas. O incluso, su empresa más ambiciosa en América Latina que es la construcción de un canal interoceánico en Nicaragua.
     Esta “fe en el progreso” hace que las propias Constituciones, sean los principales obstáculos para el proyecto económico de algunos de estos gobiernos. En el caso ecuatoriano, los derechos a la naturaleza se han convertido en letra muerta. Pues ella en términos jurídicos no se puede defender sola, y a quienes la defienden por lo general se los acusa de contra-revolucionarios, poco pragmáticos, individualistas, posmodernos, ecologistas infantiles o de ser partidarios del “trotskismo verde” en palabras de Álvaro García Linera. Lo más grave no son las denominaciones, sino el establecimiento de normas jurídicas que criminalizan e incluso denominan como terroristas a aquellas personas involucradas y comprometidas con la defensa de la naturaleza.
     Es importante señalar en este apartado, lo que ya Walter Benjamín (2013) criticó respecto al ideal del progreso. En sus palabras, el progreso de la humanidad es infinito debido a las posibilidades técnicas/tecnológicas de adaptación al entorno.
     Este ideal de progreso, leído a la par del desarrollo capitalista, nos ha llevado al punto del colapso humano. En este sentido “la crítica de esta representación del movimiento histórico debe constituir el fundamento de la crítica de la idea de progreso en general” (Benjamín, 2013: 28).
     Es por eso que ningún proyecto, que en este siglo se plantea como revolucionario desde la izquierda, puede poner toda la fe, a un proyecto de progreso, enmarcado en la devastación de los recursos naturales. Lo que a la par significa la extinción de la humanidad. Quizá, los gobiernos progresistas son los más duros críticos del cambio climático a nivel internacional. Sin embargo, como bien lo señala Eduardo Gudynas, hay una incoherencia abismal entre su discurso y la práctica respecto a este tema.
     Para aquellos y aquellas que sostenemos la utopía como posibilidad, este debe ser un debate fundamental. Todo proceso de cambio debe estar enmarcado en la certeza de una forma de producción económica, que haga sostenible un proceso de transformación. Y sobre todo, que permita al conjunto de la sociedad reproducir su vida, sin necesidad de denigrar su condición humana por el trabajo y tomar de la naturaleza aquello que le sea necesario. Como sostenía Marx “decir que la vida física e intelectual del hombre está indisolublemente ligada a la naturaleza no significa nada más que la naturaleza esta indisolublemente ligada a sí misma, porque el hombre es una parte de la naturaleza” (Marx, 1984: 106).


III
Sobre los límites

     Frank Gaudichaud señaló que uno de los factores que determina los límites de estos gobiernos es la crisis económica internacional. En especial la caída del precio del petróleo. Por otro lado Wallerstein señala que estos límites son visibles por la corrupción. Además de la forma en que estos gobiernos tratan a la oposición, en especial a los sectores indígenas, campesinos, estudiantiles, de trabajadores, mujeres y ambientalistas. Para Gudynas las limitaciones están relacionadas también con la corrupción. Pero además con la cultura de consumismo que impulsaron estos gobiernos, en especial con los sectores de la clase media. También se critica la contradicción respecto a la liberalización del comercio y la paulatina y sistemática separación de los progresismos de los postulados de la izquierda.
     Para Maristella Svampa estos gobiernos han mostrado tener una determinada actitud de permanente censura, descalificación y amenaza hacia los opositores. Han judicializado y criminalizado la protesta social. Además, el límite estaría en la imposibilidad de abrir un nuevo horizonte y relación económica, al haber apostado por el extractivismo como motor económico. Señala que la forma del ejercicio político decayó con el tiempo en el populismo, caracterizado por el estatalismo, el culto al líder y el hiperpresidencialismo.
     Para Modonesi estos factores a partir del año 2013 demostraron una pérdida relativa de hegemonía, la cual se muestra en la incapacidad creciente de construcción y sostenimiento del consenso interclasista que consolidó a estos gobiernos. Esto se debe a que esta alianza interclasista se basa en la reproducción de las ganancias para los ricos, en el mantenimiento de la capacidad de consumo de la clase media y en la entrega de las migajas a los sectores populares. Esta propuesta se mantiene mediante la redistribución del ingreso, no de la riqueza, lo que se afectó con la crisis del precio del petróleo. Estas imposibilidades, en palabras de Modonesi, llevaron a que estos gobiernos tengan un viraje conservador.


IV
Sobre la relación con los movimientos sociales y la idea de democracia con el tiempo en el populismo, caracterizado por otor econizando la protesta social; ademraspectiva con los sectores de la clas

     No cabe duda que al inicio, muchos de estos gobiernos fueron parte e incluso recogieron las agendas articuladas por los movimientos sociales en su lucha contra el neoliberalismo. La pregunta central es ¿qué pasó con esta relación? Uno de los elementos centrales, expuesto por Pablo Ospina, para el caso ecuatoriano, es que el movimiento social carecía de un liderazgo que pueda tener aceptación política nacional. A la vez existía un líder sin movimiento. De esta carencia surgió Rafael Correa.
     Podemos señalar que hubo una etapa inicial en la cual se estableció una armonía relativa de esta relación, hasta la finalización del proceso constituyente. En este momento se vieron las complejidades de una perspectiva que intenta hacer la transformación desde el Estado.
     En ese marco, los gobiernos intentaron anular la conflictividad social mediante la política redistributiva. Sin embargo la fase peligrosa comenzó cuando algunos de estos gobiernos (en especial el ecuatoriano) intentaron mostrarse como empresas técnicas. A decir de Agustín Cueva esto implicaría la invisibilización de la lucha de clases mediante la racionalización técnico-burocrática del Estado.
     En este sentido, la práctica de los gobiernos 'progresistas' fue configurar una base clientelar. Así minaron y deslegitimaron a las organizaciones sociales e incluso a organizaciones no gubernamentales, demarcándolas como enemigos del proceso revolucionario. Cuando su misión (de algunas de ellas) era fortalecer los procesos organizativos para la defensa de derechos.
     Otro elemento central, es la concepción sobre la democracia que levantan estos gobiernos. Señalan que la única forma de acceso legítimo al poder son las elecciones, con esto separan aguas con las tesis de la toma del poder mediante la vía armada. Y a la vez, cierran la posibilidad de una construcción autónoma que esté por fuera del Estado. Esto implicaría los procesos de auto-organización de la gente para cambiar las condiciones de vida o decidir sobre sus territorios.
     En un contexto regresivo de estos gobiernos ‘progresistas’, que en cierto sentido hicieron perder la dimensión emancipadora, como señala Maristella Svampa, el reto de estos movimientos, y de la izquierda en general, es recuperar la capacidad antagonista, a más de desarrollar un proceso de acumulación de fuerzas que permita la izquierdización de la política (Modonesi, 2015).
     Además de eso es necesario plantear un tercer nivel de discusión, donde se apuntale una “transformación de las relaciones sociales de producción y de las formas de propiedad” (Gaudichaud, 2015). El reto central como bien lo plantea Raúl Zibechi es la autonomía y la construcción del poder popular. Es necesario tomar en cuenta que los ejes del conflicto se han diversificado: no es solo el salario, sino el ambiente, los derechos a decidir sobre el cuerpo, a estudiar de forma gratuita y sin condicionamiento, etc.
     Sin dudarlo, y compartiendo la reflexión de Zibechi, en la medida en que la crisis se agudice y devele las limitaciones del modelo, la reactivación de la lucha social tomará mayor fuerza. La tarea de la izquierda, en este sentido, es construirse como una alternativa de poder, más allá de las elecciones pues, al parecer, el recambio de muchos de estos gobiernos estaría marcado por el retorno con fuerza de la derecha.



BIBLIOGRAFÍA:

Gaudichaud, Franck (2015)¿FIN DE CICLO? Los movimientos populares, la crisis de los “progresismos” gubernamentales y las alternativas ecosocialista En: www.lalineadefuego.ec

Gudynas, Eduardo (2015) Cuando la izquierda y el progresismo se separan En: http://accionyreaccion.com/?p=758#more-758

Modonesi, Máximo (2015) ¿Fin del ciclo o fin de la hegemonía progresista en América Latina? En: massimomodonesi.com

OCARU (2015) Entre la crisis económica y la protesta social: síntesis del debate En: www.ocaru.org

Svampa, Maristella (2015) Termina la era de las promesas andinas En: www.humanidadenred.org.ve

Wallerstein, Immanuel (2015) La izquierda latinoamericana se mueve hacia la derecha En: http://iwallerstein.com/the-latin-american-left-moves-rightward/

 

Zibechi, Raúl (2015) Hora de hacer balance del progresismo en América Latina en: www.brecha.ur


Zibechi, Raúl (2015) 'Los gobiernos progresistas tienen un efecto despolitizador en la sociedad' en: http://argentina.indymedia.org/news/2012/05/814211.php?theme=1

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