TESIS 11

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martes, 29 de marzo de 2016

O P I N I Ó N : CUANDO LA POESÍA SE VUELVE PODER POPULAR. Por Antoni Jesús Aguiló



CUANDO LA POESÍA
SE VUELVE PODER POPULAR


Por Antoni Jesús Aguiló
eldiario.es
22-III-2016






     En su elegía “Pan y vino” (1800), Hölderlin formula una pregunta emblemática que cuestiona de raíz el sentido de la palabra y la acción poética: “¿Para qué poetas en tiempos de miseria?”
     Más de dos siglos después, los tiempos de miseria lamentados por Hölderlin no han dejado de ser los nuestros: tiempos de oligarquías aferradas a sistemas de privilegios, tiempos de pragmatismo economicista que impone lógicas mercantiles en todos los ámbitos, tiempos de pobreza democrática, tiempos, como decía Marx, de “nuevas condiciones de opresión” y nuevas formas de lucha por superar los antagonismos de clase y combatir la dominación colonial y patriarcal imperante. En este sentido, el “para qué” remite hoy directamente a la pregunta por la poesía y su función en sociedades capitalistas globalizadas donde la poesía, recordando los versos de Gabriel Celaya, es concebida como un “lujo cultural por los neutrales” o, en el mejor de los casos, como un recurso mercantilizable en nombre de su supervivencia.
     Entre la diversidad de respuestas al “para qué”, hay una comúnmente extendida que defiende la inutilidad de la poesía como instrumento social y pedagógico. La condena de Platón por considerarla un arte imitativo cuyo poder de persuasión distrae de la verdad ilustra de modo magistral esta postura. En la República, Homero (y, por extensión, los poetas y artistas) es expulsado de la ciudad ideal porque el poeta “conoce el secreto de suscitar emociones”, “alimenta las pasiones” y “fabrica imágenes” falsas con palabras, a la manera de un pintor. También Fernando Pessoa, aunque esta vez en sentido positivo, destaca el carácter ficcional de la poesía al definir al poeta como un “fingidor” que crea, inventa y fabula: “Fingir es conocerse”.
     Hay, sin embargo, otra postura que frente al “para qué” reivindica la función social de la poesía, como hiciera T. S. Eliot en una célebre conferencia pronunciada en 1943. Esta perspectiva representa un modo de ver el quehacer poético que permite explorar su dimensión ética y política, presente, por ejemplo, en la poesía urbana de Baudelaire, nacida de la experiencia de un lírico en el auge de la sociedad capitalista de masas: “Multitud, soledad: términos iguales y convertibles para el poeta activo y fecundo. El que no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo en medio de una muchedumbre atareada”. En los versos de Walt Whitman sobre el amor y la democracia cósmica, que acarician la piel como un beso voluptuoso y fresco: “Me celebro y me canto a mí mismo. Y lo que digo ahora de mí, lo digo de ti, porque lo que yo tengo lo tienes tú y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también”. En la conciencia feminista de Alfonsina Storni: “Yo soy como la loba. Quebré con el rebaño y me fui a la montaña fatigada del llano”. En la poesía proletaria de Miguel Hernández: “Aceituneros altivos, decidme en el alma: ¿quién, quién levantó los olivos? No los levantó la nada, ni el dinero, ni el señor, sino la tierra callada, el trabajo y el sudor”. En la lucidez de la locura que ilumina la obra de Leopoldo María Panero: “De todos los favores que pude prometerte te debo la locura”. En el anarquismo poético de Jesús Lizano: “Denunciemos este delirio. Invitemos a todos los inocentes perdidos entre sus voces que llevan a esa lucha, todos perdidos entre las falsas verdades y sus terribles ecos”. En las marcas de la opresión heteropatriarcal que atraviesan la palabra poética de Audre Lorde: “Estoy atrapada en un desierto hecho de heridas a bala todavía abiertas”.
     Dice Hugo Friedrich que el acto poético presenta tres posibles modos de comportamiento: sentir, observar y transformar. El último se refiere tanto a la transformación del lenguaje como de la realidad social y personal. Es precisamente esta capacidad transformadora la que nos permite encontrar vías de respuesta a la pregunta de Hölderlin. Todos los ejemplos citados muestran que combate político y lucha poética a menudo están ligados uno al otro; que la poesía, lejos de ser un producto clausurado en libros y bibliotecas, se puede hacer en cualquier parte; que la praxis poética, por sí sola, no puede cambiar el mundo, pero sí puede cambiar las maneras de verlo y sentirlo, promoviendo agitaciones subversivas capaces de trastocar las relaciones de poder. Y aquí radica el carácter revolucionario de la poesía, tal y como lo expresa Vicente Huidobro: “El poeta hace cambiar de vida a las cosas de la naturaleza, saca con su red todo aquello que se mueve en el caos de lo innombrado, tiende hilos eléctricos entre las palabras y alumbra de repente rincones desconocidos”.
     No se trata de una revolución de vanguardias iluminadas en la que el poeta se erige en guía del pueblo. La revolución poética que puede transformar mundos y vidas es aquella que, por un lado, pone la inspiración al servicio de una causa para combatir el orden dominante y, por otro, transmite ideas y sentimientos para aprender a “sentipensar” con la gente oprimida, que diría Orlando Fals Borda. Las huellas de lo que significa esta revolución poética recorren la obra de José Martí: “Hay una clase de poesía que sale, como un río de sangre del alma atormentada, y rompe por entre peñascos en su espantada fuga, y no abre sus ondas sino para dejar paso a clamores”.
     En una famosa escena de El club de los poetas muertos, el profesor Keating enseña a sus alumnos que no deben limitarse a aprender lecciones y recitar poemas de memoria: “A pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo. No leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana y la raza humana está llena de pasión”. Keating era portador de una enseñanza detestable para Platón y la economía global del neoliberalismo: la pasión poética también puede ser una pasión crítica y revolucionaria. De aquí la importancia de trabar luchas revolucionariamente poéticas, revolucionariamente populares, contra lo que nos aboca a vivir en tiempos de miseria.



Fuente: http://www.eldiario.es/contrapoder/dia_mundial_de_la_poesia_6_497360279.html




miércoles, 23 de marzo de 2016

M U N D O : “MERKEL HA NEGOCIADO DE ESPALDAS A LA UE LA EXPULSIÓN DE REFUGIADOS A TURQUÍA”. Por Enric LLopis.



Los catedráticos Sami Naïr y Javier de Lucas critican el “pacto de la vergüenza” entre la Unión Europea y Erdogan

“MERKEL HA NEGOCIADO DE ESPALDAS A LA UE LA EXPULSIÓN DE REFUGIADOS A TURQUÍA”

  
Por Enric LLopis
Rebelión





     Un día después de suscribirse el acuerdo entre La Unión Europea y Turquía para la expulsión de personas refugiadas que se hallen en Grecia y a las que se considere “irregulares”, se registraron cuatro muertos en el Mar Egeo, en dos de los casos niñas pequeñas. En sólo un día arribaron 1.700 personas a las islas griegas de Chios y Lesbos. Actualmente se hallan en el país heleno cerca de 50.000 personas inmigrantes y refugiadas. Por otro lado, el pasado fin de semana 300 inmigrantes trataron de cruzar sin éxito la valla de Melilla y ayer otras 30 personas inmigrantes, de Guinea Conakry, Guinea Bissau y Burkina Fasso lograron llegar a Ceuta. “La tragedia la tenemos en casa”, sostiene el politólogo, sociólogo y catedrático de la Sorbonne, Sami Naïr, en un acto organizado por el Instituto de Derechos Humanos de la Universitat de Valencia. La cuestión clave reside en la reacción ciudadana, que se debate actualmente entre la solidaridad con los refugiados y lo que el filósofo germano Jürgen Habermas llamaba el “chovinismo de la prosperidad”, es decir, arreglar primero los problemas en casa y después ya se verá en qué se le puede ayudar al prójimo.
     La situación de incertidumbre en la que vive la Unión Europea se aprecia por ejemplo en el “volantazo” de la presidenta del Gobierno alemán Ángela Merkel, quien en una primera fase de la llamada “crisis de los refugiados” se planteó que las políticas restrictivas y las expulsiones masivas violaban los principios que cimentaban el país. Sin embargo, el catedrático de Ciencias Políticas, especialista en movimientos migratorios y eurodiputado hasta 2004, Sami Naïr, destaca que actualmente Merkel ha negociado a espaldas de la Unión Europea un “acuerdo vergonzoso” con Turquía. Al final, el sentimiento de solidaridad no ha podido resistir los intereses electorales, y los movimientos xenófobos –que en algunos estados como Sajonia-Anhalt alcanzaron el 24% de los votos en las últimas elecciones- han logrado que se imprima un giro a la posición inicial. “Es una victoria enorme de lo peor de nosotros”, opina Sami Naïr. “La Unión Europea está pisoteando desde hace mucho tiempo, pero sobre todo desde junio de 2015, sus valores fundamentales”.
     Uno de los pequeños portillos de esperanza es que el mismo día de la rúbrica del pacto entre la Unión Europea y Turquía, ACNUR (Agencia de Naciones Unidas para los refugiados) condenó el acuerdo porque suponía una violación palmaria de los derechos fundamentales. Se vulneraba por ejemplo la Convención de Ginebra de 1951 (sobre el Estatuto de los Refugiados), que obliga a tramitar la demanda de asilo de las personas que lo soliciten en el territorio de llegada. Se contravienen también las directivas europeas que obligan a garantizar las condiciones para que los peticionarios puedan quedarse en un país mientras se tramita la solicitud de asilo. Después de la Segunda Guerra Mundial se aprobó la Convención de 1951, a la que se han acogido desde entonces millones de personas. Ya en el contexto de la “guerra fría”, se adoptó respecto a países como Hungría o Polonia, en un sentido que “incentivaba” a los opositores al comunismo. Después se descubrió, en el caso húngaro, que muchas de las personas que abandonaron el país eran realmente inmigrantes “económicos”, que aprovechaban las posibilidades que ofrecía el derecho internacional para acceder al asilo.
     Sin embargo, afirma Sami Naïr, no se han aplicado del mismo modo estas convenciones internacionales a los ciudadanos sirios, afganos e iraquíes cuando además, buena parte de la crisis actual tiene su origen en la guerra de Iraq y los bombardeos desplegados por Estados Unidos y Gran Bretaña. Después de esta “intervención” militar, cuatro millones de personas salieron de Iraq. Siria acogió a dos millones de ciudadanos iraquíes en sus fronteras. Líbano acoge a 1,7 millones de personas refugiadas y Túnez, con diez millones de habitantes y escasos medios, acogió a un millón de refugiados libios tras los ataques al país norteafricano. “España, sólo a 18”. Pero con independencia de las cifras y los esfuerzos de cada país, el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía, insiste Sami Naïr, también vulnera los Acuerdos de Schengen en materia de fronteras y en concreto el apartado sobre repatriación de personas en situación “irregular”. “La expatriación tiene que responder a reglas tasadas, no a un determinado pacto suscrito con Turquía, esto es algo surrealista y una aberración del espíritu que inspira la norma”. El acuerdo establece asimismo que por cada persona refugiada (“irregular”) que resulte deportada desde Grecia al territorio turco, se permitirá la entrada de otro refugiado -de manera “legal” y con visado- desde Turquía a la Unión Europea, procedimiento conocido como el “uno por uno”.




     En los acuerdos se incluyen algunos mecanismos más propios del burdo “regateo”. Con el fin de que Turquía acepte el pacto, la Unión Europea abre la puerta a la libertad de circulación de ciudadanos turcos por Europa. La crítica de las organizaciones humanitarias apunta a una mezcla espuria, de aspectos radicalmente distintos, ya que poco tienen en común los refugiados sirios con la ampliación del libre tránsito de los turcos. También se ha incrementado el dinero que Turquía había pedido inicialmente, de los 3.000 millones de euros que empezó a recibir en octubre, a los 6.000 millones finalmente acordados. “No sabemos quién pagará estas cantidades que Merkel ha pactado con Erdogan sin contar con los europeos”. Otra de las razones de fondo por las que la Unión Europea ha suscrito este pacto, explica Sami Naïr, es que no cuenta con una política común, de hecho, en los últimos cinco años se ha producido una notoria “renacionalización” de las iniciativas en materia migratoria. “En los años 90 todavía pensábamos que era posible una política unitaria, pero hoy no, sólo hay que mirar el modo en que actúan países como Hungría o Austria”.
     Cuando se hila fino, aparecen flecos que escapan al común de los mortales, sometidos al bombardeo de cifras e imágenes inconexas. Una de las circunstancias de las que poco se habla es que Turquía sólo ha firmado una parte de la convención sobre refugiados y asilo de 1951, por tanto, este país puede aplicar la cláusula “geográfica” por la cual los derechos de asilo y refugio se les puede aplicar a ciudadanos europeos, pero quedar eximidos otros como los sirios, eritreos y afganos. Y ello sin violar la legalidad internacional. “No me puedo imaginar que los juristas europeos, y sobre todo los alemanes, no conozcan esta cláusula”, apunta el sociólogo, doctor honoris causa por la Universitat de València e intelectual que alumbró el concepto de “co-desarrollo”. Tampoco se entiende por qué no se apunta directamente a las mafias, uno de los blancos predilectos en los discursos gubernamentales, cuando INTERPOL y las policías nacionales conocen perfectamente cómo éstas organizan las rutas de los refugiados e incluso las tarifas: 4.000 euros para llegar a Austria o 6.000 euros por entrar en territorio italiano. Seguramente los motivos del arreglo final no deben de andar muy lejos de las elecciones que esperan a Merkel en 2017, ni de los problemas internos de Erdogan.
     En el acto celebrado en la Universitat de Valencia han participado asimismo la vicepresidenta del Gobierno Valenciano, Mónica Oltra, y el catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política en el Instituto de Derechos Humanos, Javier de Lucas. A juicio del catedrático, la política más efectiva de apoyo a las personas refugiadas consistiría en intervenir directamente sobre las causas que motivan los grandes desplazamientos. Pero los países del Norte son los que venden las armas que destrozan Siria o son cómplices en la financiación del Estado Islámico, que vende el crudo a los países de Europa y la OCDE. Tampoco se ha hecho nada durante cinco años en la guerra de Siria, y después, ¿qué ocurre cuando las personas refugiadas llegan a las fronteras de la Unión Europea? Si el estado español tuviera que acoger la misma proporción de refugiados sobre la población total (un 25%) que Líbano, la cifra se elevaría a diez millones, cuando actualmente la batalla que se libra en España es por superar las 18 personas refugiadas. Además, “estamos burlando y desobedeciendo nuestras propias leyes”, señala el autor de “Mediterráneo: el naufragio de Europa”, en concreto, tres directivas europeas específicas además de la Convención de Ginebra y el Protocolo de Nueva York.
     A pesar de que los medios dediquen titulares, destacados y despieces a la “crisis” de los refugiados, puede que la crisis resida actualmente en cómo está configurado el sistema de protección. Porque hay hechos poco cuestionables, como la existencia de refugiados ambientales, que el marco jurídico actual no reconoce. Por otro lado la tragedia que viven las personas refugiadas ha llevado a que en algunos casos se hable con desprecio de los “inmigrantes económicos”, como si estas personas que viven en estado de necesidad carecieran de derechos. Recuerda Javier de Lucas la existencia de un instrumento de protección específico para los migrantes económicos –la Convención aprobada en 1990 por Naciones Unidas- que ningún estado miembro de la UE ha querido ratificar a pesar de las llamadas del Parlamento Europeo. “Por más eficaces que pretendan ser los sistemas de deportación, continuarán llegando refugiados y con mayores riesgos para sus vidas que en la actualidad”, concluye Javier de Lucas.
  


miércoles, 2 de marzo de 2016

O P I N I Ó N : DIÁLOGO PENDIENTE. Por Nathalia Cedillo Carrillo


DIÁLOGO PENDIENTE



Por Nathalia Cedillo Carrillo
25 de febrero 2016






     Han sido protagonistas de la cultura occidental, constructores del pensamiento desde todas las ciencias, las artes y la tecnología. Poetas, filósofos, científicos, milicianos, políticos, dramaturgos, estadistas, teólogos, novelistas, intelectuales, maestros, periodistas, diseñadores, deportistas, en fin, la lista es interminable, porque como parte de la humanidad, han estado presentes en la historia de ella desde sus orígenes, dejando a su paso legados que trascienden hasta hoy.
     Y están aquí, viven en nuestros barrios, seguramente son parte de nuestras familias, llevan a sus hijos a la escuela, van con sus amigos al estadio, caminan por los senderos de un río o a la orilla del mar, pagan impuestos, van al mercado, comparten sus conocimientos en casa o la universidad, trabajan con nosotros, luchan, ríen, lloran, rezan y maldicen; están ahí, compartiendo con nosotros el mismo espacio social, la misma condición humana y sin embargo no los vemos. Muchas veces no queremos ver o lo hacemos con prejuicio.
     ¿A quién se le puede ocurrir que Frida Kahlo, Chris Hugues (co-fundador de Facebook), Freddy Mercury, Isadora Duncan, Michael Foucault, Elton John, merecen menos derechos y libertades que el común de los mortales? Seguramente una persona homofóbica pensará que sí y de hecho, es porque todavía persisten creencias que otorgan más valor a unos seres humanos que a otros, que siguen vigentes en nuestra sociedad la discriminación, la exclusión y los crímenes de odio.
     Muchas veces son los medios de comunicación los que aportan a reforzar el miedo a lo diferente, no sólo por los estereotipos de la sociedad patriarcal que reproducen, sino porque en muchos casos la comunidad LGBTI es invisible o simplemente no aparece como protagonista del quehacer humano, ni como actores políticos.
     Tal es el caso de lo ocurrido en Cuenca recientemente, donde el Consejo Cantonal aprobó la Ordenanza para la Inclusión, el Reconocimiento y Respeto a la Diversidad Sexual y Sexo-Genérica. La normativa es considerada como histórica por los colectivos LGBTI de la ciudad, sin embargo la cobertura periodística local y nacional fue exigua y carente de reflexión y debate. Sin duda es plausible y merece mayor atención la prohibición del funcionamiento de centros de conversión para homosexuales, que son un atentado a la vida y la dignidad de las personas afectadas, pero también deberíamos abocarnos a el proceso de construcción de la Ordenanza.
     Conversando con algunos activistas de los derechos LGBTI en Cuenca, pude conocer otra arista del proceso, en el cual quedan profundas interrogantes en cuanto al diálogo y al debate social, elementos fundamentales que garantizan el cumplimiento de cualquier normativa; según el testimonio de quienes han promovido la Ordenanza, la falta de profundidad en el debate de la misma se produce porque para algunas autoridades este tema sigue siendo un tabú.
     No basta que esté escrito en un papel para que la sociedad empiece a ser inclusiva y respetuosa de todas las orientaciones sexuales e identidades de género. No podemos contentarnos con una presentación que es parte de una agenda, más que de una voluntad política de plasmar en conciencia. No nos podemos re-conocer sin mirarnos a los ojos, si las autoridades y los medios no promueven que los debates “salgan del clóset”.
     En este sentido, tenemos una deuda comunicacional con la comunidad LGBTI, la responsabilidad social nos obliga a quienes hacemos comunicación desde cualquier campo mediático, a comprender las demandas de estos colectivos, dejar de reproducir prejuicios, a través de rutinas, fuentes, lenguaje y otras estrategias de las cuales los periodistas no suelen ser conscientes, pero que sin embargo pueden vulnerar derechos.
     Las transformaciones culturales no nacen con las leyes, sino con la conciencia de que podemos ganar todos si renunciamos a la idea de que la convivencia depende de tener que vencer a otro y en ese camino, aún tenemos tarea pendiente.
     Cuando se trata de políticas públicas, debemos hablar en voz alta, especialmente frente a temáticas históricamente silenciadas.


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