TESIS 11

TESIS 11...
¡ Comunicar es transformar !

martes, 10 de noviembre de 2015

OPINIÓN: Cierto es, René tiene razón... Por Jorge Oviedo Rueda



CIERTO ES, RENÉ TIENE RAZÓN…


Por Jorge Oviedo Rueda
30 de Octubre 2015


René Ramírez, SENESCYT


     René Ramírez Gallegos, Secretario Nacional de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, no sé si PhD, pero con algunos posgrados a su haber, varios libros publicados y otras muchas hierbas honoríficas que me resultan difíciles de rastrear, ha sido, también -como lo demuestra en un artículo publicado en diario El Telégrafo este 23 de octubre-, ideólogo (no sé si inventor o fundador) de la “socio-ecología política del vivir bien”.
     En esa calidad, como quién no quiere la cosa, escribe esas líneas mientras piensa “en la cumbre mundial sobre cambio climático a realizarse en París este año…” “Un acuerdo universal sobre el clima” –señala-, “no es otra cosa que un acuerdo universal para recuperar la esencia del valor…más allá del valor de cambio y valor de uso”. “Sólo una mirada más amplia y generosa” –continúa-, “que contemple el valor intrínseco de la vida nos permitirá superar los límites del racionalismo para abarcar los derechos de la naturaleza como parte de la vida buena.”
     Tiene razón el ideólogo de la socio-ecología y Secretario Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (recién me acuerdo), muchísima razón, porque a estas alturas estamos asistiendo a la debacle de la civilización burguesa y si no hacemos la revolución o no hay “un acuerdo universal” nos vamos todos al carajo, incluida la rana René y los siete enanitos de Blanca Nieves.
     Lo que pasa es que los ideólogos (o el ideólogo) de la socio-ecología pretenden salvar al mundo traicionando a Marx y sobreponiendo a sus ideas una seudo teoría que dicen está más allá del marxismo, del capitalismo, del valor de uso y del valor de cambio, es decir, más allá de todo lo conocido, de todo lo pensado, de todo lo construido, que se ubica en una etérea región donde los simples mortales no podemos llegar, reservada para los ángeles de Alianza País y que, además, lleven debajo del brazo un título de PhD.
     No es para tanto, señor Ramírez, la herencia de Marx es más simple de lo que usted imagina. Se la explico.
     El valor -se sabe desde Smith hasta Stiglitz, pasando por Marx-, tiene un soporte material que es la mercancía, cuya esencia es el trabajo; pero la mercancía es elaborada por el ser humano bajo las normativas de un contrato. El dueño de la fábrica, amparado en las leyes, le paga al trabajador, en el mejor de los casos, sólo por el tiempo de trabajo necesario (TTN) para su sobrevivencia y la de su familia y se apropia del trabajo excedentario (TTE). Esta verdad, descubierta y explicada por Marx, se ha movido (en razón del desarrollo científico y tecnológico en esta época de la telemática, cibernética, nanotecnología, robótica y demás) sólo para favorecer al propietario y perjudicar al trabajador que ha terminado convirtiéndose, casi, en un actor innecesario para la reproducción y ampliación del capital.
     Esta es la raíz del mal de la civilización burguesa y, permítame adelantarle, hay que eliminarla si queremos salvar a la humanidad.
     La “pregunta del millón” que le preocupa a usted “desde una perspectiva marxista” no esconde ningún misterio, porque el marxismo entiende que cada mercancía está cargada de una parte del “trabajo socialmente necesario” lo que, en el mercado, se convierte en valor de cambio. Así, para Marx, valor de uso y valor de cambio están pegados como las dos caras de una misma moneda y jamás se los podrá separar si antes no se cambian las relaciones capitalistas de producción, que son las que las producen. No es tan difícil, señor.
     Pero estamos hablando de las mercancías, de las que son fruto del trabajo, objetos cargados de energía física y mental trasmitida por el trabajador, que nos sirven para navegar o para volar, para cortar un pan o para cometer un crimen. En ellas no se empozan las intenciones de nadie, simplemente se concentra el trabajo del obrero. Esa es la esencia del valor y sí explica “el sentido del sistema capitalista” porque mientras mayor es el valor de una mercancía, mayor es la explotación y, por ende, la plusvalía.
     Pero los ideólogos (o el ideólogo) de la socio-ecología se pavonean de haber “descubierto” un bien que está más allá del valor de uso y del valor de cambio y que no es otro que la vida “dado que siempre tiene valor en sí misma”. Claro, señor, pero, primero, no son ustedes los descubridores de tan grande verdad. El campesino, el obrero, el trabajador, el desocupado, el niño, todos, sin necesidad de ningún título universitario ni de dilucidar sobre la “distinción normativa entre valor de uso-valor de cambio” lo han descubierto antes que ustedes. Y, segundo, saben, por simple intuición, que se encuentra gravemente amenazada. El valor de la vida le da sentido a la lucha que los explotados del mundo libran por la vida. Esto no es ninguna novedad.
     La vida, señor, no es una mercancía, ni es un bien, es un estado biogenético que se viene reproduciendo en la Tierra desde hace millones de años. La reproducción sexual, que es la de los animales, incluido el ser humano -no sé si usted se ha dado cuenta-, no se hace en una fábrica, sino en una cama, interviene el amor y no las materias primas, la pareja y no un trabajador. El fruto de esa relación tiene valor intrínseco porque porta vida, pero no tiene valor de uso ni de cambio. Es la vida, esa vida, la que está amenazada por el capitalismo, por lo tanto, con ella no hay nada qué hacer, lo que hay que hacer es cambiar las condiciones históricas para que se desenvuelva en armonía.
     En las universidades que usted estudió le deben haber enseñado esto que escribe: “el marxismo olvidó que existe algo más simple e importante que todo: la vida misma” o esto: el marxismo “no resulta una alternativa, sino una teoría que no sale del marco de análisis naturaleza-producción-circulación-consumo, dinero-mercancía-dinero-mercancía” (sic), (dinero incrementado, habrá querido decir), pero aunque no le hayan enseñado, un estudiante inteligente que se sale de los moldes, puede darse cuenta que, si Marx creía en la revolución era porque no creía en las fórmulas que usted repite. Iba más allá, iba a la vida, lo cual no es un descubrimiento de la socio-ecología, sino de Marx.
     La “lógica productivista” estará pegada al género humano hasta cuando este desaparezca, señor, incluso si triunfa una revolución socialista; lo cual convierte en un crimen teórico acusar a Marx de “hacerle el juego al mismo capitalismo”. Usted demuestra que ni siquiera conoce superficialmente el marxismo.
     Pero sí, señor Secretario Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología y otras hierbas, usted tiene razón, la humanidad está amenazada, pero para los marxistas del siglo veintiuno, herederos del pensamiento dialéctico de Marx, desde una “perspectiva marxista”, como usted dice, la verdadera pregunta del millón no es “cuanto valor de cambio se requiere para procurarnos los usos de un bien” sino, qué hacemos frente a esa amenaza de destrucción. Y en la respuesta a esta pregunta es donde fracasan estrepitosamente los ideólogos (o el ideólogo) de la socio-ecología.
     Usted, como todo un gentleman, prefiere los salones de la élite mundial para buscar las soluciones. En ellos, ideólogos como usted, pueden lucirse manejando conceptos que de puro elementales parecen novedosos si se los vende envueltos en una “crítica” a sus propios creadores. Esa mirada “amplia y generosa” que usted reclama ha sido sistemáticamente ignorada por los dueños del banquete al que usted asistirá como comensal. Ellos nos han llevado al abismo y, ahora, cuando puede ser demasiado tarde, quieren “hacer algo”.
     Otros, como yo, creemos en un nuevo pensamiento y no en las buenas intenciones de nadie, peor de los “popes” del capitalismo mundial que harán todo, hasta ceder parte de sus privilegios, para conservar el sistema que les da riqueza y poder. Otros preferimos la lucha, sin renunciar a nuestros principios, enriqueciéndolos ahora con la filosofía andina del Sumak Kawsay, forma de vida de nuestros pueblos ancestrales, con la filosofía del “otro” o de la “alteridad”, la que los amos del mundo ni siquiera saben que existe. Los que pensamos desde Ñucanchic Socialismo, desde nuestro socialismo, señor, no queremos salvar esta civilización de la mercancía y del valor de cambio, porque dentro de ella ya no hay lugar ni para la esperanza; lo que queremos los revolucionarios de hoy es destruir su raíz y, después de eso, construir una nueva civilización, más humana, más justa, más equilibrada, en la que la mayor parte de lo que consumamos sean valores de uso, elaborados con amor y dedicación para preservar la vida, ese bien que usted ha descubierto “incuantificable” e “inmensurable” .
     Si, usted tiene razón, hay un bien que está más allá de todo y es la vida, pero el régimen que usted representa se vanagloria de mandar a nuestros jóvenes a formarse en las “mejores universidades del mundo” para que regresen a seguir lucrando del capital y defendiendo este sistema que destruye la vida, se enorgullece de concesionar nuestra minería y explotación petrolera a ese capitalismo corporativo mundial que diariamente destruye la vida que usted considera invalorable; de fomentar a diario una forma de vida que no tiene respeto por la vida.
     David Harvey, ese autor que usted cree que es “uno de los mayores exponentes del marxismo en la actualidad” no plantea, tal como usted, la lucha como solución, apenas dice que los seres humanos no alienados hoy emergen equipados con un sentido nuevo y, como resultado de la experiencia de relaciones sociales contraídas libremente y de la empatía con las diferentes formas de vida y producción, emergerá un mundo donde todos merecerán dignidad y respeto.
     Ese mundo social evolucionará continuamente gracias a “las revoluciones permanentes y en marcha de las capacidades y potencialidades humanas”, sin embargo de lo cual, dice, ninguna de las luchas dentro del capitalismo “debería trascender o sustituir a la guerra contra el capital”, de donde se deduce que, para ir más allá del valor de uso y de cambio hay primero que ir más allá del capitalismo. Ustedes, señor Secretario Nacional de Ciencia y otras hierbas, los de Alianza País, son partidarios de la explotación de nuestros recursos naturales para evitar, de esa forma, ser “mendigos sentados en un saco de oro”, dentro del mismo régimen del capital. No son partidarios de la guerra contra el capital, sino de “las revoluciones permanentes y en marcha de las capacidades y potencialidades humanas”, lo cual significa que, para trascender las formas de valor y el capitalismo, tendremos que sentarnos a la vera del camino a esperar que pase, primero, la sociedad “pos neoliberal”, después el “socialismo de mercado”, luego el “bio socialismo”, para, sólo entonces, ver pasar el cadáver del enemigo, ¿o no es así, señor Secretario Nacional de Ciencias y otras hierbas?


Fuente:

Foto: Archivo EL UNIVERSO
http://www.eluniverso.com/2011/07/24/1/1355/universidades-estan-categoria-ofrecen-posgrados-sin-permisos.html

jueves, 5 de noviembre de 2015

OPINIÓN: REFORMISMO, NEOMARXISMO Y PENSAMIENTO ANCESTRAL. Por Jorge Oviedo Rueda.



REFORMISMO, NEOMARXISMO Y PENSAMIENTO ANCESTRAL


Por Jorge Oviedo Rueda
24 de Octubre 2015




     

     Desde su surgimiento, en la mitad del siglo XIX, nada ha sido tan combatida como la ideología marxista, entendida como un conjunto sistemático de ideas que explican los fenómenos de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento (el ser humano). A pesar del embate furioso de las fuerzas ideológicas opuestas, el marxismo se mantiene en pie, lo que no quita que muchos de sus aspectos se hayan desactualizado en virtud de la evolución lógica de la sociedad, pero las columnas que sostienen el edificio permanecen de pie, imposible de ser derrumbadas por una oposición científico-política incapaz de crear para superarla. Todas son variaciones de un mismo pensamiento, el de la burguesía, que sigue fungiendo como ideología dominante.
     En lo económico, ni los enemigos del marxismo pueden negar la vigencia de la ley de la acumulación y ampliación del capital, sin la cual, cualquier interpretación de la realidad actual, carece de seriedad científica[i]. La ley del valor, implícita en la de la acumulación, es la única que explica cual es el origen de la desigualdad social. Actuar en contra de ellas o, cerrar los ojos a sus efectos, se convierte en un acto político consiente que va en contra de los intereses de la humanidad. La acumulación sin control sólo puede devenir en catástrofe y quizás, a estas alturas, haya comenzado a ser demasiado tarde.
     En lo político, la lucha de clases sólo ha variado el escenario local por el de la “aldea global”, en el cual se tensan ahora las fuerzas del capital y el trabajo, ya no como la lucha entre obreros y burgueses, sino entre una humanidad al borde de la muerte y el poder mundial de un reducido grupo de capitalistas. La propia naturaleza del capital va preparando el escenario de su destrucción. La “democracia occidental” terminará convirtiéndose en el agente destructor y, a la vez, la tumba del sistema.
     Los marxistas del siglo XXI no estamos preocupados por estas verdades evidentes que fueron incorporadas a la cultura humana desde el siglo XIX -así como las leyes de la física mecánica fueron incorporadas al acerbo científico de la humanidad desde finales del siglo XVII-, la principal preocupación para nosotros gira en torno a rescatar el instrumento de análisis más valioso que heredamos del Marx verdadero, me refiero al método materialista dialéctico raigalmente alejado del hegelianismo y que se constituye, no en una doctrina, sino en un método de investigación y una guía de acción, no sólo científica sino, y sobre todo, política[ii].
     Todas las corrientes de pensamiento contrarias a Marx han ignorado este aspecto del marxismo, lo han ocultado o, simplemente, lo han negado, con lo cual han convertido al marxismo revolucionario en un constructo teórico inofensivo, despojado de su inmenso poder revolucionario. Igualmente las corrientes revisionistas que han actuado desde adentro, han tratado de corroer el marxismo. Veamos.
    
    
     LA SOCIALDEMOCRACIA
 
     En el siglo XIX el marxismo como ideología se desarrolla en medio de una lucha frontal contra sus enemigos de clase, pero también en contra de aquellos sectores que se decían socialistas. Las corrientes positivistas atacan de frente al marxismo, pero las posturas seudo socialistas tratan de minarlo revisando sus más importantes postulados.
     Después de haber saldado cuentas con el “hegelianismo de izquierda”, Marx y Engels tuvieron que luchar contra el proudhonismo, para luego afrontar la lucha contra el anarquismo de Bakunin que culminó con su expulsión de la Segunda Internacional; luego tuvieron que lidiar con filosofías seudo científicas como la de Dürihng. En la década de los años ochenta del siglo XIX el marxismo había llegado a ser el pensamiento dominante del movimiento obrero europeo[iii]. Se iba constituyendo en una fuerza incontrolable para el capital y, por lo tanto, en su mayor enemigo. Después de la Comuna de París, en 1871, para el capital era imprescindible encontrar un dique que contuviera la fuerza del proletariado europeo. Del seno del propio marxismo surgió el remedio en la figura y las tesis del revisionista Eduardo Bernstein[iv].
     El revisionismo de Bernstein no surge por generación espontánea. Después de la Comuna de París el eje de la lucha proletaria se trasladó a Alemania y para 1896 la socialdemocracia alemana ya se había unificado sin tomar en cuenta las tesis insurreccionales planteadas por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista y priorizando la visión legalista de la lucha parlamentaria y electoral. El nervio político central de la socialdemocracia alemana fue considerar que se podía hacer la revolución si se tenía mayoría en las urnas. Si así sucedía se tendría mayoría en el parlamento y se podría decretar la abolición del capitalismo e iniciar la construcción del socialismo.
     El revisionismo de Bernstein partía de considerar erróneas algunas de las tesis de Marx, sobre todo en lo relacionado a su pronóstico de que el capitalismo estaba a punto de derrumbarse. Bernstein creía que eso no era posible porque la sociedad estaba evolucionando y, de manera inevitable, la sociedad capitalista terminaría convirtiéndose en socialista. La ideología de la clase obrera estaba para garantizar ese fin.
     Las ideas de Bernstein recibieron la réplica de Kautski, primero y, luego, de Rosa Luxemburgo[v], en una polémica que no se ha zanjado hasta hoy. El revisionismo socialdemócrata de ayer se encarna ahora en el reformismo latinoamericano que ha lanzado la escalofriante tesis de que, para hacer la revolución socialista, primero es necesario fortalecer el capitalismo. La postura teórica de Rosa Luxemburgo fue suficiente, entonces, para rebatir a Bernstein y, sigue siéndolo, para desenmascarar el reformismo contemporáneo.
     La revolución bolchevique de octubre fue la deriva práctica de las tesis revolucionarias de Marx que se enriquecen con el pensamiento de Lenin, desgraciadamente el peso del reformismo alemán dividió al movimiento proletario internacional y permitió la represión brutal del mismo. Ya en el seno de la revolución rusa comenzaba a despuntar la polémica de si era posible el socialismo en un solo país o tenía que internacionalizarse. El reciente capital monopólico de comienzos del siglo XX mandó al matadero a millones de obreros europeos y aprovechó para reprimir la lucha proletaria internacional. Lenin tuvo que encapsular la revolución de Octubre para impedir que muriera en la cuna y León Trotski se fue convirtiendo en el profeta de un internacionalismo proletario que no acababa de llegar.
     Así, pues, el reformismo socialdemócrata de Bernstein tuvo su epílogo en la masacre brutal de la Primera Guerra mundial. La tesis reformista de la evolución inevitable del capitalismo hacia el socialismo se demostró falsa por los cuatro costados. Quedaban en pie las tesis revolucionarias tal como Marx las había planteado en El Manifiesto Comunista[vi] y como Lenin las había demostrado en la práctica: la toma del poder, cuando se agotan los recursos “democráticos”, sólo es posible por medio de la violencia revolucionaria.
     En 1929 el capitalismo monopólico sufrió la primera crisis de sobreproducción de su historia. Todo el sistema se convulsionó con estertores de muerte. Las potencias europeas y los Estados Unidos alimentaron el capital alemán que encontró en Hitler a su brazo ejecutor. El cálculo era destruir la Unión Soviética por su intermedio. La realidad demuestra que la Unión Soviética tuvo que sacrificar más de veinte millones de sus hijos para evitar que la demencia del Fuhrer se los tragara a todos. El innecesario holocausto de Hiroshima y Nagasaki inauguró la era de la guerra fría y, en medio de ella, el escenario de la lucha revolucionaria contra el capitalismo se trasladó al sur. Primero China, Vietnam y Corea, luego Cuba en América Latina, llenaban de esperanza a la humanidad irredenta.
     En la Unión Soviética reinaba el pensamiento único del partido y su líder, habiéndose llegado al extremo de cosificar la ideología marxista y convertirla en razón de Estado, con lo cual Stalin y el partido pretendieron meter la realidad en un molde inventado por ellos, ignorando el método materialista. Menos de un siglo duró el formidable salto histórico que se inició con Lenin. El estalinismo desfiguró el marxismo y oculto las ideas verdaderas de Marx tras los moldes inventados por su dogmatismo. De todas las corrientes que surgieron con la intención de “rescatar” a Marx, merece atención especial la del Neomarxismo de posguerra, sobre todo por la interpretación que en él se hace de los problemas del llamado “tercer mundo”. Veamos


     EL NEOMARXISMO

     Monthly Review fue el órgano periodístico de difusión del neo marxismo en el Continente Americano. Marcuse, Paul Baran y Sweezi sus principales animadores. Junto a la llamada escuela de Frankfurt en Europa (Pollock, Horkheimer, Adorno), se propusieron, no sólo rescatar el marxismo del dogmatismo estalinista, sino enriquecerlo considerando los problemas del llamado “tercer mundo” o mundo subdesarrollado.
     No es en el diagnóstico donde están las limitaciones del neo marxismo, puesto que en ese aspecto logran hacer una acertada exposición de los problemas del subdesarrollo y demuestran, creativamente, la imposibilidad de que el “tercer mundo” llegue a desprenderse de la cadena mundial de explotación imperialista, considerando, sobre todo, los límites de los mercados nacionales, la baja productividad de esos países y la competencia desigual del capitalismo central que obliga a la periferia a vender materias primas baratas y comprar productos industrializados caros.
     Para los neo marxistas (sobre todo para el egipcio Samir Amin)[vii], la única solución es propiciar una alianza de las burguesías nacionales con el imperialismo, supeditando, en esa alianza, a los trabajadores a la burguesía nacional, mientras se alcance fortalecer el sistema tanto económico (por medio de la transferencia de tecnología que de otra forma sería imposible), como político, suponiendo que la clase política desarrollará la claridad ideológica suficiente para tomar distancia de los explotadores internacionales y luchar por la liberación nacional.
     Ninguna de estas propuestas de los neo marxistas se han hecho realidad a lo largo de estos últimos cincuenta años. El nacionalismo de Nasser en Egipto, por ejemplo, sólo fortaleció la dominación, igual el populismo latinoamericano. Hoy las tesis del neo marxismo se encarnan en el “progresismo” latinoamericano, recurriendo a tesis de Samir Amin, sobre todo.
     Amin plantea como alternativa a las limitaciones de los mercados internos la unión en bloques de los países del tercer mundo, es decir, la integración económica. Si este proceso llegara a consolidarse se produciría, lo que él llama, la “desconexión” de los países atrasados del capitalismo central, con lo cual se alcanzaría autonomía en el desarrollo y, por lo tanto, la anhelada “liberación nacional” de los países dependientes.
     En el fondo, y sólo con variaciones formales y de aplicación en el tiempo, son las mismas fórmulas teóricas del reformismo decimonónico asumidas por el “progresismo” latinoamericano bajo la consigna irresponsable de que, para llegar al socialismo, hay que fortalecer, primero, el régimen capitalista.


     NUCANCHIC SOCIALISMO PLANTEA UNA NUEVA SOLUCIÓN




     Quinientos años después de la llegada de los europeos al continente del Abya-Yala los habitantes de estas latitudes todavía tenemos que lidiar con la visión eurocentrista de que somos pueblos salvajes e inferiores. La polémica sostenida en el siglo XVI entre el Bartolomé de las Casas y fray Ginés de Sepúlveda[viii], se mantiene, la única diferencia es que los herederos de Sepúlveda hoy no pueden actuar tan libremente en razón del avance de la lucha por los derechos humanos y civiles del ser humano, pero siguen actuando desde el poder político y económico que han conservado desde entonces. Ese poder, para sentirse seguro, considera que tiene que “blanquear” al otro, asimilarlo, convertirlo en igual, en el mejor de los casos; o, simplemente, mantenerlo segregado y controlado. Ninguna solución económica, política o social, será válida si se parte de esa concepción.
     No han sido válidas las fórmulas de desarrollo planteadas por ese poder político desde la independencia, en el caso de América Latina. Ni el poder terrateniente, ni las variaciones del poder liberal, ni el socialismo clásico, ni el reformismo socialdemócrata, hasta la actualidad, han resuelto los problemas del desarrollo y, no lo han podido hacer, por ese colonialismo genético que el poder dominante lleva en la sangre. Ñucanchic Socialismo, nuestro socialismo, invierte los términos en la comprensión del problema del poder y plantea soluciones posibles.
     Si usamos como método de análisis el materialismo dialéctico heredado de Marx estaremos en capacidad de comprender la invalorable riqueza de la “alteridad”, del ”diferente” que, durante más de quinientos años, ha sido invisibilizada por el poder político dominante. Esa sabiduría, que está recogida en fuentes como los pocos códices que se salvaron del fuego colonialista, en los testimonios de los mismos conquistadores, en las ruinas arqueológicas y en la presencia viva de los pueblos aborígenes sobrevivientes, es la que puede romper el círculo vicioso de las fórmulas del desarrollo occidental[ix]. Ignorar esta realidad es seguirle haciendo el juego al colonialismo dominante.
     A estas alturas, no basta condenar la barbarie, se impone la tarea de rescatar la filosofía ancestral de los pueblos andinos, sin caer en la trampa de pararnos a discutir si tiene o no esa jerarquía. Sí la tiene y, no reconocerla, significa mantener, desde adentro, las cadenas mentales que nos consideran inferiores a la filosofía occidental, lo que no quiere decir que no se reconozca su valía. La “alteridad” debe considerarse en igualdad de condiciones a cualquier concepción filosófica del mundo, condición intrínseca para encontrar las soluciones[x].
     Pero, ¿podemos cerrar la página de la dominación y comenzar desde cero? No es posible. Quinientos años de agresión es tiempo suficiente para haber cimentado un ser social cargado con las ideas dominantes del sistema y haberlo convertido en su soldado defensor. La irrupción del pensamiento ancestral andino se convierte, así, en el acto revolucionario más importante de comienzos del siglo XXI porque, al tener a los pueblos originarios de protagonistas, la filosofía del “otro” se eleva a un nivel transformador, punto en el cual se fusiona con lo mejor del pensamiento revolucionario de occidente que es, precisamente, el marxismo. El “pachamamismo” ciego confunde a los pueblos con una idílica propuesta de regresar a los tiempos precolombinos y, los otros, con negarle validez a la “alteridad”.
     Ñucanchic Socialismo, nuestro socialismo, sabe que la “alteridad”, a un nivel filosófico, es la lógica del oprimido, su concepción del mundo, su ética y su estética, rasgos que, habiendo estado sojuzgados durante cinco siglos, ahora emergen para servir de base a una nueva sociedad y a una nueva civilización[xi].
     Esa lógica, la de los pueblos originarios, tiene su piedra angular, no en la armonía del ser con la naturaleza, sino en la noción del equilibrio[xii]. Ese equilibrio, que se perdió en América con la llegada de los europeos, hay que recuperarlo como condición intrínseca para volver a la armonía. Se trata de un equilibrio estructural.
     Pero no se puede recuperar el equilibrio si antes el poder político no pasa a manos de una vanguardia político-espiritual que encarne la filosofía de la “alteridad”. Esa vanguardia es, por primera vez, diferente a las vanguardias políticas que han existido hasta hoy y la diferencia está en haber llegado a recuperar la memoria de que estamos hechos de los cuatro elementos, fuego, tierra, agua y aire y que, si no somos capaces de cuidarlos y preservarlos, no hay futuro para la humanidad. No es una vanguardia proletaria, como pensaba Marx, tampoco una élite en el sentido liberal y, mucho menos, una casta aristocrática, es una vanguardia político-espiritual conformada por todos los que han abrazado la filosofía de la “alteridad”.
     Como ya dijimos en otro documento: “El último acto de la democracia burguesa será, precisamente, permitir, por ley, la participación de las masas organizadas en la disputa electoral, representadas por una vanguardia político-espiritual que, luchando junto a ellas, sintetice sus aspiraciones. Ñucanchic Socialismo, nuestro socialismo, se está construyendo como esa vanguardia, no de forma clandestina, sino abierta, prevalido del derecho que la democracia burguesa le da. Para nuestro socialismo una democracia dinámica significa la movilización permanente de las masas, antes para alcanzar el poder y, después, para construir la nueva sociedad.”[xiii] Si el poder establecido impidiera el triunfo de esta vanguardia, entonces se justificarían otras formas de lucha para alcanzar el poder, que, siendo insurgentes, serían absolutamente legítimas.
     Ese equilibrio estructural del que hemos hablado se inicia después de la toma del poder por parte de la vanguardia político-espiritual que representa los intereses de la humanidad, sólo entonces es posible iniciar el proceso de construcción de la sociedad del Sumak Kawsay, lo que sólo será posible si se implanta un nuevo régimen de propiedad.
     Las sociedades pre colombinas se construyeron sobre la base de la propiedad comunitaria de la tierra que, para Ñucanchic Socialismo, significa la verdadera transformación de la matriz productiva. Somos partidarios de un socialismo agrario que, en la práctica, significa romper el círculo vicioso del desarrollo burgués. La “desconexión” de la que nos habla Samir Amin si es posible, siempre y cuando rompamos la estructura productiva del capital. Marx entendió “que la humanidad debía volver al régimen de propiedad comunitaria en un momento superior del desarrollo de las fuerzas productivas, lo que engarza dialécticamente con los fundamentos civilizatorios de las sociedades del Sumak Kawsay Revolucionario.”[xiv]
     Un régimen de propiedad comunitaria de los medios de producción no significa el monopolio de la propiedad por parte del Estado, lo que generaría un nuevo desequilibrio. Ni el emprendimiento individual, ni la mediana y pequeña propiedad, pueden ser eliminadas por decreto, porque desde el advenimiento de las sociedades clasistas se han arraigado profundamente en la conciencia humana; pero si pueden coexistir con las formas de propiedad comunitaria, todas las cuales pueden, perfectamente, ser controladas por el Estado hasta el fin del nuevo siclo, después de lo cual, en un nivel superior (un nuevo Pachacutik), se volverá a reajustar esa estructura, en un proceso cíclico infinito.
     Como se puede ver, este es el análisis y planteamiento de Ñucanchic Socialismo, nuestro socialismo, que nada tiene que ver con la fraseología barata de los “demócratas” defensores del sistema que creen que el mérito está en escupir el rostro del mandatario de turno para aconsejarle cómo debe proceder, en un cacofónico discurso que ha terminado convirtiéndose en tribuna del ego y la vanidad; peor con la izquierda ortodoxa, incapaz de salirse de los moldes estalinistas, menos con la izquierda “arrepentida” que, habiendo sido durante décadas una izquierda reformista ahora se autocalifica de revolucionaria y, mucho menos, con la “izquierda” correista, embustera y mentirosa que sigue usando el poder para mantener la dominación burguesa y colonialista.
     Ñucanchi Socialismo, nuestro socialismo, el de Nuestra América, el de la “alteridad”, el de la filosofía de nuestros ancestros fusionado con lo mejor del pensamiento revolucionario de occidente, invita a todos los ecuatorianos al gran “temazcal” de la Patria en el cual iremos forjando la vanguardia político-espiritual que, desde el pueblo, construirá un nuevo Ecuador y aportará con su ejemplo para salvar a la Humanidad.



NOTAS:

[i] Hedz, Sebastian y Deytha, Alan: El capitalismo y la economía científica, versión electrónica, cap. I.
[ii] Weil, Simone: Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social, Ediciones Godot, Buenos Aires, 2014.
[iii] Véase Lenin: Marxismo y revisionismo, Obras Escogidas, Edit Progreso, Moscú, s/f, T. I.
[iv]: Eduard, Bernstein: Socialismo evolucionista, Introducción de Rafael Argullol, Edit. Fontamara, s/f.
[v] Luxemburg, Rosa: Reforma social o revolución, en:Escritos políticos, Grijalbo, Barcelona, 1970.
[vi] Marx y Engels: El Manifiesto Comunista
[vii] Amin, Samir. Geopolítica del imperialismo contemporáneo, en libro: Nueva Hegemonía Mundial. Alternativas de cambio y movimientos sociales. Atilio A. Boron (compilador). CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Argentina. 2004, p. 208.
[viii] Ginés de Sepúlveda sostenía que los nativos americanos no tenían alma, motivo por el cual no eran propiamente humanos.
[x] Véase Dussel, Enrique: Filosofía de la liberación, s/edit, Bogotá, 1980.
[xi] Véase Roig, Arturo Andrés: Caminos de la filosofía latinoamericana, Universidad de Zulia, Venezuela, 2001.
[xii] Véase: Oviedo Rueda, Jorge: Del Estado, la izquierda y la revolución en el Ecuador, Letramía Editorial, Quito, 2015, pg. 90 y ss.
[xiv] Oviedo Rueda, Jorge: Del Estado, la izquierda y la revolución en el Ecuador, Letramía Editorial, Quito, 2015, pg. 94.
  

martes, 20 de octubre de 2015

OPINIÓN. SOBRE EL AGOTAMIENTO DEL PROGRESISMO: EL CASO DE ECUADOR. Por Pablo Ospina Peralta, Mónica Mancero, Cristina Burneo Salazar, Juan Cuvi.



SOBRE EL AGOTAMIENTO DEL PROGRESISMO: EL CASO DE ECUADOR


Por Pablo Ospina Peralta, Mónica Mancero, Cristina Burneo Salazar, Juan Cuvi
17-10-2015





      Decía Séneca que la sabiduría es la única posesión que no disminuye sino que crece cuanto más se la usa. La demagogia opera precisamente a la inversa: se deteriora mientras más se la usa. La respuesta de Guillaume Long a un artículo de Immanuel Wallerstein recientemente publicado ilustra el deterioro. De izquierda va quedando únicamente la publicidad. Más que un viraje a la derecha del régimen, como señala Wallerstein, asistimos a un destape.
     En su artículo , Wallerstein argumenta:
“Los entusiasmos colectivos iniciales pronto empezaron a desaparecer en múltiples frentes. Las clases medias no sólo se veían perturbadas por la rampante corrupción de los gobiernos de izquierda, sino también por las maneras cada vez más severas en que estos gobiernos trataban a las fuerzas de oposición” .
     Entre 2009 y 2013 se han abierto entre 300 y 400 juicios por delitos contra la seguridad del Estado. La mayoría son juicios por rebelión, sabotaje, terrorismo y una combinación de los tres. En un país como Ecuador, semejante criminalización sistemática de luchadores populares carece de precedentes. Luego del paro nacional y el levantamiento del 13 de agosto de 2015, cerca de doscientas personas fueron apresadas, casi todas ellas indígenas. Con las izquierdas, los sindicatos, los ecologistas y el movimiento indígena la política gubernamental no tiene ambigüedad alguna: destruir su capacidad de movilización. El gobierno ni siquiera ha sido capaz de crear la suya propia, por no hablar de una organización política digna del nombre. La débil tradición de organización social ecuatoriana no ha cambiado; al contrario, ha empeorado porque el gobierno hace lo posible por destruir lo que había en zonas indígenas y rurales ¿Qué herencia de organización social y fuerza popular quedará cuando Alianza País deje el gobierno? Su legado en este campo no califica como progresista, todo lo contrario, seguiremos constatando retrocesos sociales por largo tiempo, y vienen de las decisiones tomadas durante estos nueve años.
     Despejemos cualquier malentendido. Guillaume Long dice, como Alvaro García Linera, que la oposición de izquierdas se queja de que los gobiernos progresistas no han construido el socialismo en cinco minutos. En palabras del máximo líder, somos ultra izquierdistas, minorías, tirapiedras, malcriadas, infantiles. Pero nuestro reclamo es más modesto. ¿Es razonable, desde una postura progresista, no digamos de izquierda, deslegitimar la oposición a la adhesión ecuatoriana al Tratado de Libre Comercio con Europa que el gobierno firmó en 2014 y que espera la ratificación parlamentaria en 2015 como el reclamo de una izquierda troglodita y arcaica? El presidente Correa acaba de anunciar que la venta de gasolina a través de la empresa pública es nada más y nada menos que una “competencia desleal” para las comercializadoras privadas como la Shell o la Mobil. No criticamos la falta de socialismo, sino el regreso de los argumentos y políticas del capitalismo salvaje bajo la justificación insostenible de que son políticas de izquierda orientadas a la inversión social.
     El reclamo por la supresión del libre ingreso a las universidades públicas con un examen masivo y estandarizado que todos sabemos que excluye a pobres, indígenas y negros, tal como ocurre en todas partes del mundo donde se aplica, ¿califica como desvarío ultraizquierdista de tirapiedras profesionales? Asimismo, la prohibición presidencial del debate sobre la despenalización del aborto dejará afuera a miles de niñas y jóvenes, muchas de ellas víctimas de violencia sexual, sacrificando muchas veces sus proyectos de vida o su educación. ¿Es de “radicales” defender la erradicación de estas violencias? Estas parecen más bien mínimas demandas democráticas de liberales progresistas en cualquier país que quiera reducir las desigualdades.
     Ante la crisis, el gobierno ecuatoriano anunció las entregas de las carreteras a inversionistas privados. ¿Dónde está la política de derechas? ¿en denunciar la privatización o en defenderla cambiándole el nombre por “alianzas público–privadas”? Ni hablar del proyecto de la ley de alianzas público - privadas que ofrece exoneraciones tributarias insólitas incluso en tiempos neoliberales.
     Ahora resulta que las nuevas negociaciones con el Fondo Monetario Internacional y con Goldman Sachs, en otros tiempos denunciados por sus mismos defensores de hoy, son ejemplo de conversión cristiana e instituciones aliadas para apoyar el cambio radical de la matriz productiva. ¿Es prueba de radicalismo infantil dudar del compromiso ambiental y laboral de las empresas chinas en sus operaciones mineras y en la construcción de represas hidroeléctricas? ¿Se transfiguraron acaso en líderes en la defensa del agua, el trabajo digno, la vida y la Pachamama?
     ¿Es prueba de rechazo a la modernización y de pastoralismo vulgar e irracional, que exotiza la pobreza, oponerse porque en las ciudades del milenio, creadas para reducir la resistencia a la explotación minera o petrolera, en plena Amazonía, pobladas de indígenas quichua–napo, se incluya un reglamento de vida urbana donde se prohíben las costumbres bárbaras de criar pollos, vacas y cerdos o mantener cultivos cerca de las casas, ahumar pescado o carne y cocinar chicha de yuca? Es difícil imaginar un modelo de modernización más reaccionario, que desprecia el saber local, el modo de vida y las técnicas constructivas locales. ¿A esto llama Guillaume Long “no caer víctimas de la vieja infantilización occidental neocolonial del ‘buen salvaje’ y su rechazo a la modernidad”?
     No nos oponemos, faltaría más, a las demandas de la gente más pobre por educación, salud, seguridad social, trabajo. Long las llama “muy modernistas”. El problema de la “modernidad” gubernamental es que consideró necesario y legítimo tirar abajo la educación intercultural bilingüe por la que habían luchado por décadas las organizaciones indígenas; eliminar las escuelas comunitarias que podían brindar buena educación de pequeña escala en tantas zonas rurales que ahora se quedan sin nada. ¿Era necesario encomendar el plan nacional de salud reproductiva y de educación sexual a una conocida militante del Opus Dei que rechaza abiertamente lo que ella llama “las ideologías de género”, nombre con el cual el Vaticano condenó hace veinte años las luchas de las mujeres? ¿Es eso “moderno”?
     Ante estos hechos, todos los Guillaume Long balbucearán una lista de logros y avances. Podemos reconocer sin problemas varios de ellos. Infraestructura, hospitales, escuelas, carreteras; la relativa reducción de la pobreza y de la desigualdad de ingresos. El punto es que muchas de esas cosas ocurrieron también con gobiernos neoliberales como en Colombia o Perú. Lo central no es elaborar la lista de ventajas y desventajas y hacer las sumas y restas para decidir si el gobierno fue bueno o malo. Lo esencial es el proyecto político, económico y cultural. El correísmo se ha rendido ante el capital y su ideología modernizadora, y el buen vivir ha sido vaciado de contenido y usado para la conformidad. Y en eso, el agotamiento del progresismo ecuatoriano es análogo al agotamiento de la socialdemocracia europea: llegado un punto, adoptó el programa de sus rivales conservadores. Si algo vuelve reaccionario al correísmo es precisamente eso; igual que el nuevo laborismo de Tony Blair, en la cúspide de su claudicación nos grita “there is no alternative”.


Fuente:


lunes, 19 de octubre de 2015

LA GUARIDA DEL BÚHO: Elecciones de la FEUE: dos por dos es cinco... "QUE NOS GANEN TODO... MENOS LAS ELECCIONES".




ELECCIONES DE LA FEUE: DOS POR DOS 

ES CINCO

“Que nos ganen todo… menos las elecciones”.


Por Hugo Palacios (El Búho)






      Hacemos pública la sesión ordinaria con carácter de extra y doblemente ordinaria que la ex llamada Nueva Universidad y hoy denominada Actitud Central, realizaron hace algunos días con el fin de dar cumplimiento a no se sabe qué, pero algo han de cumplir.

     Orden del día

     1.- Himno Nacional del Ecuador coreado por todos los presentes de corazones actitudinales y manos calientes y cerebros a medio hervir.

     2.- Palabras del actual Presidente, el señor Carlitos M., quien en calidad de representante de Nueva Universidad que ya no hay, que ya se hizo humo, y que da una infinita vergüenza recordar, procede a explicarnos el pasado presente y futuro de la FEUE. Se defenderá de las acusaciones de agresor contra mujeres. Llevará fotos de familia, certificado de bautismo y primera comunión, así como testimonios de buena conducta de revolucionarios, seguidores nuevos y antiguos, Latin Kings en rehabilitación y fans de corazones ardientes y banderitas celestes y sueldos del buen vivir.

     3.- Intervención del excelentísimo representante del excelentísimo jefe de Carondelete. Durante 30 minutos disertará sobre las bondades de la Revolución, de la LOES y de lo alhajas, pacíficos y almas de teresa de Calcuta que son los FEUE actuales.

     4.- Intervención musical a cargo del legendarísimo grupo Pueblo Nuevo. Los asistentes deberán ponerse de pie mientras los artistas cantan; además, aplaudirán a rabiar, y levantarán el puño derecho mientras repiten: “Actitud central jamás será vencida”; no rima pero igual da lo mismo. Lueguito, cierran los ojos y gritan en coro: ¡Alertaaaaaaaa, aleeeertaaa!, alerta, alerta, alerta que camina, la navaja de… perdón… los vidrios de… no… Bueno, de que camina camina.

     5.- Palabras del representante de la Comisión Electoral. Su discurso será ilimitado, apelativo, inapelable. Discurrirá sobre lo imparciales que son las elecciones para Presidente de la FEUE. Explicará la forma en que se reunieron entre ellos para que no queden dudas de lo transparentes que son los cinco autoelegidos. Además, informará sobre los argumentos para nombrar a dedo  a los contadores y veedores del proceso. Debe especificar sobre los vacíos legales que ellos llenaron para que no queden dudas sobre el binario lleno-vacío, que en otras palabras significa: hay que tener actitud de lo vacío que son para llenar lo central que pueden llegar a ser. Finalmente, el representante hará votos para que los votos lleguen firmados por devotos.

     6.- Más palabras. Ahora de parte de algún voluntario con actitud lateral. El mismo procederá a despotricar en contra de los opositores, llamándolos violentos, tirapiedras y sufridores, como consta en el manual del perfecto repitefrases de la Revolución Ciudadana.

     7.- El secretario, también con actitud, ahora vertical, indicará que organizarán importantes eventos académicos en la Universidad, como fiestas y bailes con locutores profesionales en todas las facultades, para que los estudiantes sepan lo preocupados que están por su diario vivir. El secretario no lo dirá, pero para sus adentros pensará: “les damos fiesta y los votos llegan solos, total, los ingenuos de la Central,  escuchan baile y votan nomás por quien pone discomóvil. Los de Nueva Universidad lo sabemos, los actitud central lo refrendamos. Somos una especie de Alvarito Noboa pero con matrícula de estudiante”.

     8.- Himno a Quito

     9.- Himno a la Universidad

     10.- Himno a la revolución

     11.- Himno a la bandera

     La sesión se cierra con la canción “Patria tierra sagrada”. Los autoinvitados por ellos mismos se abrazarán y firmarán todo lo que su propio Consejo Electoral decida. Habrá bocadillos y bebidas a la salida, financiados por el buen vivir de Nueva Universidad y deleitados por el buen paladar de Actitud Central.

     12.- Baile en la Facultad de Administración.





viernes, 16 de octubre de 2015

OPINIÓN: 12 de Octubre: una herida abierta.



12 DE OCTUBRE: UNA HERIDA ABIERTA



Por Marcelo Colussi






"Hemos venido aquí a servir a Dios y al Rey, y también a hacernos ricos". Bernal Díaz del Castillo, Guatemala, siglo XVI

"¿Lograremos exterminar a los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa canalla no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. (…). Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado". Domingo Faustino Sarmiento. Argentina, Diario El Nacional del 25/11/1876

"Los pueblos indios además de nuestros problemas específicos tenemos problemas en común con otras clases y sectores populares tales como la pobreza, la marginación, la discriminación, la opresión y explotación, todo ello producto del dominio neocolonial del imperialismo y de las clases dominantes de cada país". Declaración de Quito, 1992



     Hace 523 años el grito proferido por Rodrigo de Triana la madrugada de un 12 de octubre desde su puesto de vigía en el palo mayor de la Pinta informando de la tierra avistada, cambiaría dramáticamente el curso de la historia. Sus repercusiones siguen estando presentes: son, sin más, el cimiento de nuestro mundo actual. Puede decirse sin temor a equivocarnos que el amanecer de ese día comenzó el verdadero proceso de globalización, completado hace unas décadas con la caída del campo socialista con su grito triunfal de “terminó la historia”, siendo al mismo tiempo el ocaso de las civilizaciones americanas originarias.
     Más de cinco siglos han pasado desde aquel entonces, y la deuda pendiente no parece llegar a su fin. En un sentido, esa deuda es impagable. ¿Por qué?
     El "descubrimiento" de América –eufemísticamente llamado "encuentro de dos mundos"– (lo que, más que encuentro, fue "encontronazo")–, o lo que con más precisión podemos llamar "el inicio del mundo moderno capitalista", es un hecho de una trascendencia sin par en la historia de la Humanidad: inaugura un escenario novedoso que sienta las bases para la universalización de la cultura del imperio dominante, ya a escala planetaria en aquel entonces, mucho más solidificado en la actualidad, cinco siglos después, con la entrada triunfal de las tecnologías de la comunicación e información que vuelven al planeta una verdadera aldea global. El imperio dominante del siglo XVI era el incipiente –pero ya avasallador– capitalismo europeo (representado en ese momento por la España imperial y la Gran Bretaña que se empezaba a industrializar). "Modo de vida occidental", podría llamarse ahora, o libre empresa, o economía de mercado. La llegada de los europeos a tierra americana y su posterior conquista fue la savia vital que alimentó la expansión del capitalismo.
     Estas circunstancias de la historia colocan ese encuentro de civilizaciones en la perspectiva de una relación absoluta y radicalmente desigual; en términos estrictos fue más que un "encuentro": fue el sojuzgamiento (sanguinario) de una sobre otra. Fue, en principio, una invasión militar, seguida luego de un avasallamiento cultural. Hubo vencedores y vencidos, sin lugar a dudas, por lo que la idea de "encuentro" es demasiado débil, ingenua en el mejor de los casos. ¡O hipócrita!
     El 12 de octubre marca la irrupción violenta de la avidez europea (capitalista) en el mundo, llevándose por delante –religión católica mediante– toda forma de resistencia que se le opusiera, y haciendo de su cultura la única válida y legítima, la presunta "civilización". Lo demás fue condenado al estatuto de barbarie. En tal sentido, entonces, lo que se produce en ese lejano 1492 es, con más exactitud, un encontronazo monumental, sangriento, despiadado. Por cierto, salen mejores parados del mismo los que detentaban la más desarrollada tecnología militar. Y para el caso, fueron los españoles. Al día de hoy, esa relación no ha cambiado en lo fundamental, y de la espada y la cruz pasamos a la dependencia tecnológica y a las impagables deudas externas de nuestros países.
     Han pasado 523 años desde aquel grito, y ningún habitante originario del continente americano se siente "descubierto". En realidad no hay nada que festejar el 12 de octubre, no hay "día de la raza" o "día de la hispanidad" que venga a cuento. Hay una historia forjada a sangre y fuego, sigue habiendo una herida abierta, y fundamentalmente hay una deuda no saldada. ¿Quién la va a pagar? ¿Es posible pagarla?
     Por otro lado: ¿qué "raza"? La historia la escriben los que ganan, por lo que ese encontronazo de civilizaciones fue contado por los vencedores –los españoles, para el caso, luego los anglosajones en relación a América del Norte– en la forma de "hazaña", de "gesta gloriosa". Los pueblos americanos no tienen la misma versión. No digamos la población negra de África, que más tarde fue transplantada al continente "descubierto" en calidad de mano de obra esclava. ¿Cuál es la proeza en todo ello? Si a alguien benefició todo esto, seguro que no fue ni a los africanos ni a los americanos.
     Pero hay algo bien importante: el triunfo de la conquista fue muy grande, y los latinoamericanos seguimos sufriendo hoy "complejo de inferioridad". No es infrecuente ver en cualquier ciudad latinoamericana, o incluso en sus regiones rurales, a algún ciudadano (hombre o mujer) de aspecto aindiado, moreno, en definitiva: no-blanco desde el punto de vista fenotípico, con el cabello teñido de rubio. En esta sufrida región del mundo, para ambientar un programa cultural radial o televisivo, en principio a cualquiera se le podría ocurrir usar música llamada "clásica" (música académica europea de los siglos XVII, XVIII o XIX) y no, seguramente, cumbia o ranchera. Y si se trata de organizar una cena de lujo muy probablemente cualquier habitante latinoamericano pensaría en ofrecer langosta, algún plato con un complicado nombre en francés –aunque no se sepa bien qué es–, lasagna quizá… pero seguro que no arepa, humita ni indio viejo. Y por supuesto, para ir "bien" vestido, un varón debe llevar saco y corbata y una mujer tacones altos con joyas y mucho perfume; sería de "mal gusto" presentarse en güipil o con chaqueta de colores típicos como el actual presidente de Bolivia, Evo Morales. Los palacios gubernamentales, aún rodeados de palmeras y bajo abrasadores soles tropicales, deben tener muchas columnas jónicas y dóricas con amplias escalinatas de mármol como los de los "hombres blancos" del norte, y la juventud "chic" canta en inglés. ¡¿Cómo habría de tararear una canción en guaraní o en mapuche?! Y en diciembre, ¡por supuesto!, los malls (también se puede decir shopping centers) se llenan de pinos plásticos y nieve artificial con un viejo barbudo vestido con trajes de piel (que nunca se sabe de qué se ríe…) y que viaja en trineo (¿trineo para la nieve en nuestros países?). Y si pensamos en pirámides fabulosas, pensamos en las de Egipto, olvidando que en Mesoamérica hay otras tan fantásticas como aquéllas (la más grande del mundo, por cierto, está en Guatemala: El Mirador). Dato marginal: la civilización maya llegó al concepto de número cero hace más de mil años, cuando en Europa se perseguían brujas por herejía. ¿Por qué lo latinoamericano no es "civilizado"? ¿Maldición de Malinche? Ah, por cierto: la "civilizada" Europa aún mantiene reyes. Sí, sí: monarcas, majestades, ¡parásitos que viven lujosamente sin trabajar! ¿Civilización?
     Mucho tiempo ha pasado desde la llegada de los europeos al "Nuevo Mundo"; la historia siguió su paso, y de aquel momento inaugural del capitalismo hoy tenemos un Norte desarrollado, opulento, y un Sur que se debate en la pobreza y la dependencia. Por cierto que mucho ha cambiado el mundo en estos más de cinco siglos. Que "la rueda de la historia haya avanzado" es una cuestión abierta que llama a la discusión; para las grandes civilizaciones como la inca, la azteca, la maya, no parece que este "descubrimiento" haya tenido grandes beneficios. Para el capitalismo europeo, fue toral: consistió en su acumulación originaria, su empuje inicial. Sin la conquista de América no podría haber habido capitalismo europeo.
     Hoy, 523 años después del grito que comenzaba a cambiar la historia, los pueblos americanos (hay quien los llama "precolombinos"… ¿Antes de Colón? ¿No suena ostentoso eso: antes de Colón no había historia?), no se han recuperado aún del trauma que significó la llegada "del hombre blanco"; de grandes civilizaciones, tan o más desarrollados que los europeos, pasaron a ser mano de obra casi esclava, destruyéndoseles buena parte de su rico acervo cultural, condenados a grupos subalternos. Las empleadas domésticas y los trabajos más mal pagados en cualquier punto de América no lo hacen los blancos.
     

     ¿Cómo limpiar esa afrenta histórica?

     La historia siguió su curso; la historia oficial, aquella que cuentan los ganadores, intentó borrar esas grandes culturas transformando a sus miembros en ciudadanos de países inventados en estos últimos siglos: los incas pasaron a ser peruanos, los mayas guatemaltecos, los aymarás bolivianos, los aztecas mexicanos, los guaraníes paraguayos, los mapuches chilenos, etc. Las tierras saqueadas en la conquista, los recursos robados y enviados a España –que terminaron enriqueciendo a la emergente industria europea–, los miles y miles de vidas de amerindios segadas, la humillación a que se sometió a los pueblos americanos, la postración histórica a la que se les condenó y de la que hoy, como Tercer Mundo, cuesta tanto remontar… ¿se puede resarcir? ¿Quién lo va a pagar? ¿Cómo? La entrega del Premio Nobel de la Paz a la dirigente maya-quiché Rigoberta Menchú el día del 500 aniversario del inicio de la conquista es un buen gesto, pero no basta.
     El 12 de octubre, más que día de festejo (¿qué festejar?) debería ser un día de vergüenza humana.